El camino que el mar dispersó.

agosto 14, 2024 Books&Wings 0 Comments

El manto azul del océano ondeaba serpenteante y armónico, como una bandera azulada,

bajo un cielo airoso y cambiante. Lucas andaba en ese paraíso cada mañana, regresaba

a degustar una que otra  hierba marina, y se refrescaba con la espuma salina del medio día.

 

En ese punto el sol era abrasador, y el agua refrescaba y reconfortaba a todas las especies

andantes y marinas. La pequeña tortuga era rápida para los suyos, y aun así, lenta cuando

se trataba de mirar el atardecer.

 

Entre sus reflexiones y el cajón de inquietudes que enterraba en la arena. Lucas temía 

por el cambio. Así como el sol salía, y serenamente alegraba su mañana, así llegaba la

tormenta tarde que temprano, y todos sus familiares y amigos tenían que refugiarse, así

como había momentos tranquilos para nadar con libertad, así llegaba el depredador en

busca de sus huevecillos para después llorar la pérdida de sus hermanos y hermanas.

 

Los peores eran los humanos, y por terribles que fueran sus actos, para Lucas eran

criaturas sorprendentes y horripilantes a la vez. Con frecuencia les miraba desde lejos,

ahí en el arrecife dorado.

Los humanos jugaban con la arena, llevaban a sus críos y corrían a la orilla del mar.

Y Lucas se divertía de verlos, siempre a una distancia prudente.

           - Pronto tendremos que hacer maletas, nadar, buscar una isla o archipiélago, 

             solo para nosotros.

           - El hombre nunca nos ha dañado.

          - ¿Y cuando robaron nuestros huevos? ¿Qué hay de cuando contaminaron

             la casa de Mika?

            ¿Cuándo se llevaron a Larry la langosta?

 Nadar lejos era la solución.

Los días pasaban y sus amigos, padres y hermanos vivían con sus precauciones,

pero indiferentes del peligro de los humanos.

           - Ayer se llevaron a Fito.

           - Tus tíos han partido a su rescate y pronto volverán, todos juntos, como si nada.

Pero Fito no volvió.

        - Chira lleva un día escupiendo rojo, tiene una vara atorada en la garganta.

        - ¿Y puedes culpar a los humanos por eso?

Melancólico, Lucas la tortuga observaba a la orilla del mar.

Para cuando llegó el momento de partir, solo quedaba Lily, y Beni, convencidos de

buscar un nuevo hogar, partieron al anochecer.