Natalia.
Era un día normal para Natalia.
El petirrojo Jack que siempre la visitaba tocaba a su ventana para despertarla. Natalia Estiraba los brazos al son de los picotazos. Bajaba la escalera, casi a la carrera, y desayunaba apresurada, sándwich y cereales.
Al cerrar la puerta de su casa lo notó.
No se había tomado el licuado.
- Hip.
Comenzó.
Y de pronto el día normal terminó.
En la clase de matemáticas se escuchaba "hip" cada que el maestro hablaba.
Tan severo fue el caso que a la dirección llegó.
Y al tratar de explicarlo, Natalia solo respondió:
- Hip, Hip, Hip, Hiiiipi, Hooop.
Asustada, la directora la canalizó a enfermería.
Más ni una, dos, ni tres pastillas funcionarían.
El hipo de Natalia iba en aumento. Y con el tiempo ya hasta tenía acento.
Intentado hablar, Natalia no lo lograba, ¡el hipo la desesperaba!
Rendida por fin decidió hacer las pases con su hipo, y con el tiempo lo asimiló.
Un año más tarde la niña aún tiene hipo, cosa que no ha sido problema para comunicarse, a su alrededor, sus amigas ahora conocen el "hiponés". El idioma oficial para comunicarse con su hipo.

