Mis inicios en la escritura.
Desde muy pequeño, fui un niño muy imaginativo.
Mientras mis primos jugaban con autos y “Max Steel” que se agolpaban sin sentido y se lanzaban por los aires, yo disfrutaba más “el proceso”. Me gustaba crear todo un pequeño pueblo, o escenario para mis muñecos, mucho antes de empezar a jugar. Por lo que, a veces podía tardar más imaginando ¿qué historia quería contar? y ¿en dónde quería contarla? antes de solo tomar un juguete y lanzarlo por los aires.
Durante mi segundo curso de primaria, los profesores hicieron inventar a cada alumno, un cuento, que sería impreso en una revista exclusiva para la escuela. ¡Estaba muy emocionado!
Otras personas leerían mis historias, y les gustarían, sería como invitar a alguien a jugar y, disfrutaba mucho compartir mi imaginación y escenarios, sentir que otros niños o personas disfrutaban de los mundos que yo creaba. Pero tenía un pequeño dilema ¡no sabía sobre qué escribir! y temía que mi cuento no fuera bueno en comparación con el de mis compañeros. y ¡apenas estaba aprendiendo a escribir!
Recuerdo que esa vez, mi madre hizo la historia por mí. “El ombligo de Pedrito”. Iba sobre un niño que se comía un frijol y le crecía en el ombligo.
Recuerdo ese sentimiento agridulce de ver mi cuento en la revista sabiendo que no lo había escrito yo, no podía evitar seguir comparando mi historia con la de mis compañeros, y ver los elogios que ellos recibían, por historias que sí habían escrito ellos, aparentemente.
Un par de años después, me decidí a crear una historia por mi cuenta en la que imaginaba a mi hermana menor y a mi como dos adultos que se perdían en el espacio y vivían aventuras. “Comando Enoc y Jany”. Ésta fue la primera de tres partes que creé en formato de cómic, conformando una colección de historias de las cuales nunca llegué a desarrollar más que la idea base, y la primera parte de la trilogía ya mencionada.
Mi pasatiempo por escribir se vio mermado durante los años consecutivos, y no fue hasta la secundaria que retomé tomé la afición, nuevamente gracias a un par de trabajos escolares. Con un cuento que buscaba incentivar el interés de los niños por la historia. Como resultado le entregué a mi profesora: “Max Páramo y el Reloj dorado” una historia que narraba las aventuras de Max y sus dos amigos, quienes encontraban un artefacto que los hacía viajar en el tiempo permitiéndoles conocer a diferentes personalidades de la historia de México.
En años venideros, mi faceta de escritor se complementó con la de un joven lector aficionado a las letras, bajo el pseudónimo de “letrado” busqué estructurar mejor mis ideas, tramas y personajes. Teniendo como resultado muchos de los escritos que puedes encontrar en éste blog.

