El Informante.
Su cuerpo estaba adolorido.
Sus músculos tensos.
Las cuerdas le aprisionaban a una rígida silla metálica.
Pronto la bodega ardería en llamas y él con ella.
Pero Will Andrews había enfrentado situaciones más complejas que esa.
Había quedado atrapado en una cueva cerca de las rocosas canadienses, el agua subía de nivel con rapidez, pero Will logró trepar por el peñasco antes de quedar sumergido por la marea.
El sonido de la pólvora le emocionaba.
Era muy de él esperar hasta el último minuto.
-No eres hombre cuerdo.
Le dijo alguna vez su hermano Jason.
-Pero lo consigo igual.
Amarró un bloque de hierro al extremo y ambos se elevaron por los aires cayendo dolorosamente en el otro extremo del edificio en construcción.
Aquél fue el inicio, ese fue el primer paso que lo guiaría a esa bodega.
Jason era un tipo de bigote castaño, ojos marrones y cabello largo. Siempre problemático. Will era el sujeto que le sacaba de apuros. Para bien o para mal, y estaba harto de ser ese individuo.
Jason no lo tomó a bien.
Así que envió sicarios tras su propio hermano.
Su objetivo era hacerlo entrar en razón.
-Pero lo que tu pequeño hermanito no sabía, era que teníamos "ese" asunto pendiente contigo Tovarich.
En Rusia, Will había traficado con ellos y en un giro de tuerca, sus compinches habían sido expuestos y encarcelados.
-No me sorprende verte Vladimir.
El puño ensangrentado y repleto de anillos de aquel hombre se plantó en su estómago. Y el hombre lo recibió sin reprimendas, así como la paliza de su banda.
-Cortenle la cabeza y dénsela a los perros.
-Me necesitas.
Entre risas, Vladimir lo miró incrédulo.
-¿Te parece que necesito otro informante? Ya tengo a Víctor para ese trabajo. Y tu has resultado una piedra en el zapato desde hace años. Tu deuda se salda hoy pedazo de escoria.
Uno de los hombres que los rodeaban empezó a tambalearse, y entre temblores y convulsiones cayó muerto al suelo.
-¡Víctor! ¿Qué?
-Como dije...
-¿Y que le diremos a Jason? ¿Eh? Nos cortará la cabeza a nosotros.
- No tendrás un mejor informante que yo. Recházame. Y no tendré clemencia esta vez Brutus.
El secuestrador enrojeció en cólera ante su segundo nombre y le plantó un cuchillo a su víctima.
Will gimió pero no cedió.
Eso es lo que sucede cuando una fuerza imparable choca contra un objeto inamovible.
La víctima aceptó el papel que se le encomendó, bajo las ordenes de Alexander, la mano derecha Vladimir. Visto en fuego cruzado, Alexander debía asumir el lugar de su superior, y para eso necesitaba ayuda, no como informante, sino como un agente de las sombras. Y para desempeñar éste rol, primero debía morir.
-Tienes diez minutos para librarte de las sogas. Pero no te la pondré fácil. Tómalo como una prueba.
Poco tiempo.
-Pero lo consigo igual. Murmuró. Con las muñecas rojas la silla se desplomó a sus espaldas. En la soledad y la penumbra, una chispa se encendió ante sus ojos oscuros, ahora castaños por la luz del fuego.
-Demonios.
El lugar ardió en llamas, entre pólvora y ceniza.
Días después un hombre bajo el pseudónimo de Richard Duncan caminaba por la calle a la espera de su nuevo empleador, o su nueva víctima. Un viejo conocido; Vladimir Koslov.

