Jason -El Príncipe de los locos- Cp.2
Jason: El Príncipe de los Vagos
(CAPÍTULO 2)
SINOPSIS; En este relato te platico sobre, Jason, él vive la vida a su manera, adéntrate en su loca forma de pensar y entérate de como día a día, trata de sobrellevar los problemas que lo aquejan.
II
Desperté sobresaltado, una vez más para hablar solo sobre
vagos pensamientos, después de cumplir una momentánea condena, le hablaba a
gritos a la gente, entre saliva y sollozos, tan sentimental como una mujer en
pleno embarazo.
-¡Embarazo! ¡Eso me recuerda! ¡LO PERDIMOS, EL BEBÉ LO
PERDIMOS SEÑOR!
Y las gruesas gotas de sudor por mis ojos resbalando, nada
de llanto, porque yo soy un hombre realmente, ninguna marica.
Ninguna nenita.
Y di un trago señores, después de una larga semana de muerte.
¿Enserio?, porque para ser un macho pecho peludo, luces como
todo un cobarde ahogando tus problemas en alcohol mi amigo.
Dijo el tipo del billete, dando un profundo trago de Ron, lo
cual a muchos les impresionaría por su corta edad.
Con gesto obsceno con mi dedo anular, me despedí del tipo
caminando hacia las luces rápidas del semáforo y los faros de los autos a toda
velocidad.
-¡OH ARROLLAME GRAN AUTO COLOR ROSADO!
Casi se cumplió mi desquiciada petición de no ser por aquel
chico del ron, lanzándose sobre mí justo en medio de la calle, evito mi
repentino atropellamiento por un auto rosado a toda velocidad, que habría
terminado con mi existencia, bueno, mi horrible cuerpo en aquella extraña
Tierra.
-¡¿Acaso estas dem…?! Olvídalo, mejor no me respondas –Me
dijo el muchacho llevándome a rastras del otro lado de la calle, mientras
balbuceaba tontería y media como un bebe que no sabe articular una sola palabra–.
¡Escucha ebrio estúpido, me importa un c4$#jo tu vida de m*r#4!
Respondí lo mismo que él decía, arremedando cada gesto de
forma bromista y exagerada, mientras las personas pitaban en sus autos, riendo,
y los peatones nos miraban. Entre insultos y gritos desenfrenados discutimos
por unos diez minutos hasta que mi nuevo acompañante me cortó de la manera más
inesperada.
-Tú no vas a estar solo hasta que estés recuperado.
Y, ¿¡que decir ante el gesto de un buen samaritano?!, mis
pensamientos en ese momento desvariaban entre la risa, la cólera, la demencia,
y deseaba por primera vez matar al ingenuo que creía que mi vida era
verdaderamente, una basura mientras al resto de la gente le importaba más un
chicle en el asfalto que mi bienestar.
Exhausto por aquella larga y divertida disputa, le di la
espalda para demostrar que me daba igual su mediocre interés, y caminé en
dirección opuesta, evadiendo sus comentarios y absurdas preguntas que me
persiguieron por toda la noche.
-Por favor Jason, podrías dejar de ignorar al chico.
Y sí, por si fuera poco, el licor, la falta de líquido
alcohólico en mi cuerpo desnutrido, el que un desconocido me salvara de mi
suicidio y me siguiera como una sombra, ahora mi esposa regresaba de la muerte
para ponerse en mi contra.
-¡Cállate de una vez mocoso quinceañero infeliz! ¡Ve y anda
a Ch$nG4% a tu m$dr#! –Me puse a la defensiva con un tubo de metal que saqué de
la basura, mirándolo con los ojos rojizos y mi cuerpo empapado en sudor y
cansancio.
-Estás enfermo, déjame ayudarte un poco viejo Grumpy.
No quería rendirme en ese momento, mi espíritu deseaba
seguir discutiendo como perro rabioso con el chico, alejarlo lo más posible,
pero mi cansancio físico y evidente mal estado de salud, me forzaron a tumbarme
recargado en el bote de basura, como todo un auténtico indigente, un vago, un
ebrio, solo un tipo sin aquello que los muggles llamaban vida.

