El titiritero y sus inocentes marionetas.

diciembre 29, 2015 Books&Wings 0 Comments


Conforme caminamos, desde el momento que la luz llena nuestros ojos, dejamos huellas en el sendero, estas huellas pueden ser oscuras y profundas, o, de igual manera, tenues y a penas visibles.

Hay cientos de huellas que podemos dejar, pero siempre se convertirán en un legado positivo o todo lo contrario.

Cuando era tan solo un niño, de no más de seis años, el Show de las Maravillas visitaba el pueblo de La Carrocería.

No era un circo ni mucho más, ni mucho menos, simplemente un espectáculo de marionetas, aunque yo veía algo extraño en ellas; a pesar que las historias que presentaban en la carpa, siempre solían ser cómicas, su semblante lucía triste y amargado, como si su vida no tuviera ningún sentido.

Claro, que no todas las marionetas presentaban cierto aspecto, un día, unas estaban tristes, y al siguiente alegres o viceversa. Había otras que parecían disfrutar lo que hacían, y algunas tantas que parecían sentir repudio por su trabajo.

El dueño siempre me causó gran curiosidad, y es que, mientras sus pequeños “hijos” trabajaban arduamente, él simplemente se paseaba por las calles con elegantes trajes costosos, y los zapatos bien lustrados. Era una gran contradicción para mí el pensar que un sujeto como él fuera realmente el titiritero.

Fue una tarde de Verano, cuando por mera inquietud, me decidí a entrar en casa de aquél hombre, para descubrir una verdad que hasta ahora se mantiene viva en el recuerdo en mi mente.

Las pequeñas marionetas, que debían correr, que debían descansar y ser simpáticas no solo durante la función, sino todo el tiempo, se encontraban saqueando una serie de carteras y monederos robados, con un rostro de decepción en el rostro, pues sabían que obraban mal.

Había otros que inclusive sonreían sinceramente, pues su amo estaría orgulloso y los recompensaría.

Miré al fondo, a una vieja y maltratada marioneta, con el nombre de “Celia” la bufona bordado en su vestido deshilachado.

Me acerqué al tiempo que ella retrocedía arrinconada y asustada, pensando que la dañaría o la obligaría a trabajar después de tanto tiempo.

-         - Qué están haciendo pequeña títere? -Recuerdo haberle preguntado con mi voz clara y aguda en ese entonces.
-          Yo ya no puedo hacer mi trabajo amo, no me azote, por favor.

Me respondió la pequeña con lágrimas en los ojos, las manos deshechas en mugre y polvo, conmoviendo mi corazón.
-         
            - Tú no eres el amo. –Me dijo la pequeña con timidez y vergüenza-.
-          - No, me llamo…

Estuve a punto de llevarla a casa, de no ser por la intrusión del dueño titiritero, quien me corrió al instante de su propiedad, indignado y furioso.

Nunca volvió a saberse ni de él ni de su negocio cerca de La Carrocería, pero sí pude re encontrarme, tiempo después con Celia en una carpa nueva, más profesional, ella sonreía y cumplía su verdadero trabajo, aquello para lo que realmente había sido labrada, algo por lo que realmente valía la pena vivir, dejar huella; un buen legado.

Ella supo mi nombre poco después, al igual que muchos otros de los títeres, pues mi nombre no era lo único que me diferenciaba de mi padre.





 BY: LETRADO